Carlos Lozano, joven indígena kichwa de Chazuta y egresado de la carrera de Arquitectura y Urbanismo Ambiental de la Universidad Científica del Sur, ha llevado su formación mucho más allá del diseño y la construcción. Su trabajo actual destaca por combinar la arquitectura sostenible con la preservación de saberes ancestrales, generando un impacto social significativo en comunidades kichwa del Bajo Huallaga, en San Martín, Perú.
Uno de sus principales proyectos son los tambos culturales, espacios diseñados como refugios de paso para familias indígenas que sufren o han sufrido algún tipo de violencia y se ven obligadas a retirarse de su comunidad por un tiempo. Estas construcciones se convierten en centros de intercambio cultural y educación, donde cada tambo es diseñado en colaboración directa con las comunidades, asegurando que respondan a las necesidades específicas de su entorno. Esta metodología participativa, en la que los propios habitantes intervienen en el diseño y la construcción, fomenta un fuerte sentido de identidad y pertenencia. Además, revaloriza la arquitectura vernácula de la Amazonía.
El enfoque de Carlos parte de principios aprendidos en la Universidad Científica del Sur, que le dio las herramientas para explorar la arquitectura sostenible y autóctona. Durante su formación, pudo experimentar con materiales como la madera, el bambú y la tierra, además de profundizar en conceptos de urbanismo que integran a las personas en el proceso de construcción. Esta base académica, unida a su compromiso con el cambio social, le permitió iniciar un camino profesional dedicado al servicio de las comunidades indígenas.
Los tambos culturales diseñados por Carlos también destacan por su uso innovador de materiales locales y técnicas tradicionales. Por ejemplo, las estructuras incorporan elementos como madera carbonizada y técnicas de anclaje adaptadas a las condiciones del terreno, asegurando su durabilidad. Asimismo, estos espacios se adaptan a las necesidades particulares de cada comunidad, funcionando como lugares para festividades, reuniones comunitarias, entre otros.
Más allá de los aspectos arquitectónicos, Carlos ha gestionado fondos de organizaciones internacionales, y este apoyo le ha permitido no solo construir tambos, sino también implementar proyectos sociales y ambientales que benefician directamente a las comunidades. Asimismo, su participación en eventos internacionales, como las sesiones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), ha contribuido a dar visibilidad a los problemas que enfrentan estas poblaciones. Carlos también resalta la importancia de aprender de las comunidades con las que trabaja.
Durante su experiencia, ha adquirido conocimientos prácticos, como el uso adecuado de maderas según sus propiedades o el momento ideal para cortar hojas de palma según las fases lunares. Esta fusión de saberes técnicos y ancestrales ha sido clave para el éxito de sus proyectos.
El trabajo de Carlos Lozano no solo es un testimonio de lo que puede lograrse con dedicación y compromiso, sino también un reflejo del impacto positivo que la educación puede tener en lasociedad. Su historia inspira a otros estudiantes y profesionales a ver más allá de los beneficios personales y a buscar soluciones que transformen vidas. Desde su perspectiva, "no se trata solo de construir edificios, sino de generar soluciones para las personas". Con metas claras, como completar 11 tambos culturales para el 2025 y fundar su propia organización, Carlos continúa trabajando para preservar las identidades culturales y mejorar las condiciones de vida de las comunidades indígenas. La Universidad Científica del Sur celebra y difunde su historia como un ejemplo inspirador para toda su comunidad académica, reafirmando su compromiso con la formación de profesionales que generan impacto en el mundo.